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DIDÁCTICA de la FILOSOFÍA

Está entre nosotros

Está entre nosotros

¿Dónde se encuentra la sabiduría?

Todas las culturas del mundo, escribe Harold Bloom, han fomentado la escritura sapiencial. La sabiduría surge de una necesidad que se refleja en la búsqueda de una seguridad que pueda consolarnos y mitigar los traumas causados por el envejecimiento, la enfermedad, el dolor y la pérdida.

Como filósofos somos nómadas, es cierto ¿pero acaso los nómadas no descansan nunca? Y, cuando lo hacen, ¿acaso construyen viviendas y se quedan a vivir en un lugar definitivamente? Como filósofos somos nómadas y no pertenecemos a una disciplina, es verdad. Eso sería decir mucho y hacernos un poco sedentarios. ¿Pero acaso un nómada no pertenece a nada? ¿A una tribu? ¿A una tradición? ¿Acaso si uno se pierde no puede ser reconocido por los otros y éste reconocer al grupo al que pertenece? ¿No hay entre nosotros un aire de familia, unos rasgos comunes, una misma o parecida veneración? ¿No comparte nada este grupo de vagabundos? Puede que no un discurso idéntico, pero sí un estilo discursivo. Ese que nos familiariza con muchas maneras de pensar y comprender.

Porque tenemos un camino. No es un camino recto, pero tampoco es tan sinuoso que no nos lleve nunca a alcanzar un destino. Aunque sea un destino intermedio. El destino intermedio de un nómada. El destino de esta estación. El del momento en marcha, que no es tampoco un punto exacto del espacio, pero sí una región, un entorno, una proximidad al horizonte. Ese mismo horizonte que se desplazará mañana.

Exploramos cuestiones y dudas y problemas humanos y tenemos respuestas que ofrecer. Muchas. Varias. Elige tú alguna para que tus manos ansiosas y anhelantes dejen de estar vacías. Atrévete a probar. Atrévete a evaluar. Atrévete a pensar y atrévete a saber. Y si esa respuesta no te gusta lo suficiente, prueba otra vez, prueba con otra. Pero no busques nunca entre nosotros esa sola teoría, esa verdad única e inmarcesible, y peligrosa. Esa verdad es de otro mundo, que no es el de estos pobres nómadas.

Y libres. Nómadas pero no desilusionados, cínicos, a veces, ¿por qué no? Vino un tiempo Antístenes con nosotros y nos gustaba su doctrina de perros, y también vinieron Crates y su mujer Hiparquia, y Diógenes, que marchaba desnudo, pero no sin respuestas. Nómadas e ilusionados, que no ilusos, como otros que buscan también la misma plenitud. Ilusionados e invitando a otros a buscar y a marchar con nosotros.

Tal vez de noche, frente al fuego, paremos a contarnos nuestros conocimientos, frágiles como conchas halladas en el borde del mar, pero tampoco evanescentes, sino hermosos, reales. Como aquellos de Sócrates, como aquellos de aquel prusiano casi ruso que hablaba del deber, o como los de aquel austriaco casi inglés que hablaba de palabras todo el tiempo. Conchas pequeñas pero valiosas como monedas o joyas primitivas, guardadas sin avaricia, prestos a deshacernos siempre de la carga, como nómadas que encuentran otra carga más útil para seguir camino.

Luis Fernández Navarro

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5 comentarios

Monster Beats -

Yes, you're right. I'm angered.
I think there's a conspiracy out there in the cyber-world against me.
I mean. Seriously!
Oh well.

Luis -

Nuestra tradición es la de la filosofía, que se remonta a los antiguos griegos

antonio -

La visión de un nómada como alguien sin raíces es una idealización, cierto. Siempre tenemos que hablar y pensar desde una tradición, desde un cuerpo, desde una creencia. ¿Cuál es la nuestra?

Luis -

Muchas gracias, Samuel. Y no te olvides de sobrecargar pronto el adjetivo

samuel izquierdo -

Precioso y certero post, Luis. A tu metáfora del nomadismo la completaria con la de la estación de paso, una mitad de nosotros es la estación, la otra el tren.Por seguir con las antinomías, tu sabes. Enhorabuena, nos llega este post.
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