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DIDÁCTICA de la FILOSOFÍA

¿Sabes qué día es hoy?

¿Sabes qué día es hoy?

Hoy es 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora, o, según otros, día internacional de la mujer. Es uno de los dos días del año dedicados específicamente a la mujer, el otro, el 25 de noviembre, es el día de la lucha contra la violencia contra la mujer.
Esto, claro está, seguramente lo sabías.
He estado media mañana confeccionando un post sobre este día con muchos enlaces para profundizar en distintos aspectos, proporcionar materiales y contactos... y con mucha reflexión. Un problema de red o de tiempos lo ha mandado al limbo cibernético.
En su lugar, no me resigno a estar callado hoy, pongo este, limitado ya por el tiempo. Resumo lo fundamental:

La existencia de días conmemorativos implica el reconocimiento institucional de la existencia de un problema. Pero parece que no nos queremos hacer conscientes de la magnitud y de la complejidad de este problema, probablemente porque pone en cuestión nuestra identidad como hombres y mujeres y muchos aspectos del modo de vida en que hemos sido educados y que hemos interiorizado.
Esto no nos exime de la responsabilidad de colaboracionismo con el problema y sus múltiples vertientes.
Hemos elaborado mecanismos de normalización, autoindulgencia y anulación de las reivindicaciones y de aquellas noticias y hechos que, por su crudeza, se hacen difícilmente discutibles. Suelen ser del tipo de "yo no digo que no sea así/pase/tenga razón... pero tampoco...". Aplicamos estos mecanismos una y otra vez, también otros, los de la invisibilidad, los de "ya hemos avanzado mucho", los de "eso ocurre en el Islam o en países subdesarrollados, incultos"..., con lo que añadimos muchas veces a la discriminación de la mujer la de otras culturas, pueblos, etc.
Lo cierto es que la discriminación de la mujer está presente en todos los pueblos, sociedades, niveles económicos... y tiene facetas y consecuencias muy diversas (violencia, abuso, violación, discriminación económica, inexistencia en el espacio público, dependencia, etc). Está en todos los pueblos, y también en el nuestro, en nuestra casa, por lo que exige un doble compromiso por nuestra parte, el compromiso público de lucha y el compromiso personal de no colaboración en el ámbito cercano con este tipo de discriminación (ni activamente ni con el silencio o la omisión). Exige también una atención especial de las instituciones, estados, organizaciones, para facilitar la investigación sobre estos problemas y su mejor conocimiento, las búsquedas de solución, etc, para financiar e implementar medidas reales de compensación y protección, para asegurar que un cambio cercano y generalizado sea posible.
Desde la educación y la filosofía tenemos mucho que decir de todo esto.
Nos unimos a esta lucha.
¿Te unes?


CP

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