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DIDÁCTICA de la FILOSOFÍA

Expropiarse o morir

Expropiarse o morir

Llegó un tiempo en que todo lo que los hombres habían venido considerando como inalienable se hizo objeto de cambio, de tráfico y podía enajenarse. Es el tiempo en que incluso las cosas que hasta entonces se transmitían pero nunca se intercambiaban; se donaban pero nunca se vendían; se adquirían pero nunca se compraban: virtud, amor, opinión, ciencia, conciencia, etc., todo, en suma, pasó a la esfera del comercio.

Es el tiempo de  la corrupción general, de la venalidad universal, o, para expresarnos en términos de economía política, el tiempo en que cada cosa, moral o física, convertida en valor de cambio, es llevada al mercado para ser apreciada en su más justo valor (Marx K. MEW4 ,p.6, tomado de Muñoz Jacobo, Marx, Antología, Barcelona, Península, 2002, p.259)

 

      Desconozco la incidencia que esta campaña de la delegación de la mujer del Ayuntamiento de Sevilla, haya podido tener en vuestros diseños y programaciones para este curso. A mi juicio, convoca todo un haz de problemas ético-políticos de extraordinario interés para la todavía naciente (pese a todas las tentativas de aborto) área de Educación para la ciudadanía. Concretamente, me refiero a aquellos núcleos que nos proponen un ejercicio crítico sobre la división social y sexual del trabajo, así como sobre las diversas formas de discriminación, más soterradas unas, manifiestas y hasta institucionalizadas otras, por razones de sexo u orientación sexual (Cfr. RD mínimos 1631/2006).

      Entiendo que, de forma paralela, la institución responsable de la campaña, al cifrar sus objetivos en la difusión, denuncia y visibilización de situaciones de explotación sexual, está también primando una labor de sensibilización, de toma de conciencia y, en definitiva, ahormando y dejando germinar un estado de opinión ciudadana que bien pueda fructificar, o no, en la toma de concretas  decisiones político-legislativas (¿regularización penal de la prostitución?).

     Se produce, por tanto, un cruce de intenciones educativas entre las respectivas instituciones. Un cruce cuyo centro es el alumn@, y cuyo desenlace ulterior compete al docente. Pero ¿qué hacer cuando la intención ética y crítica de la propia actividad docente detecta un inmenso sofisma en el aparato argumental que sostiene esta campaña? ¿Cuándo el sistema categorial sobre el que se levanta  se revela, no ya caduco, ideológico,  sino, lo que es verdaderamente grave, aparentemente inmune a toda forma de crítica?

       Que la ética no puede no exigirse la incorrección política lo sabemos desde Sócrates, aunque algunos la profesen y practiquen con mayor o menor convicción. Entonces ¿por qué  ese reparo terriblemente burgués a incurrir en la inmoralidad? ¿Debemos ahorrarnos el análisis del sofisma señalado sólo por la incontestable dignidad de los objetivos establecidos por sus promotores? ¿Cómo atreverse a objetar una campaña contra la prostitución?

       Contra la prostitución “tolerancia cero”. Tal es la consigna. Igual que contra toda forma de explotación sexual. Prostitución: La cara más oculta de la violencia de género. Ayúdanos a erradicarla. Coeducar, un imperativo del presente. La igualdad, nuestra meta.

        Soy de la opinión de que toda convicción, si es genuina, es siempre provisional, deficitaria, crítica y abierta. Luego el aula de educación ciudadana no puede ser un mero catalizador de las políticas de turno. Sino, bien al contrario, su receptor más riguroso. Frente a una política de eslogan, una ética de criterios. Personalmente, no encuentro mejor salida a esta confrontación que os describo. Por ello, tras contener no pocos accesos de prudencia, pudor, temor o cómoda indiferencia,  os presento, a continuación, en breve análisis, los diferentes puntos de conflicto que detecto en esta propuesta municipal:

1- Prostitución y violencia de género ¿No es una inmensa argucia dialéctica subsumir una problemática como la de la prostitución, necesitada en sí misma, y de manera urgente, de un enfrentamiento serio  por parte de nuestras instituciones,  bajo la gran lacra de la violencia de género? ¿Soy el único que detecta aquí una flagrante metábasis eis alló genós? Espero que no ¿Alguien me puede subrayar qué es lo que convierte en algo intrínsecamente (respectividad estrictamente metafísica) violento y vejatorio el “comercio sexual”, por usar una fórmula no muy afortunada quizá, pero lo más neutra posible? No aceptaremos la apelación a las indeseables consecuencias derivadas de su estatuto alegal, otra raíz principal de la desprotección de sus víctimas (por no tener espejo-protección legal, no por su actividad) O bien, a la clandestinidad, la marginación, y, por supuesto, hasta la propia muerte social que sufre quien desempeña una conducta estigmatizada. Lo primero puede tener, y son muchas las demandas, solución política. Lo segundo, corrección educativa. Diferente es que no sólo falte voluntad política y educativa, sino que éstas vayan justo en sentido contrario.

2- ¿Es la prostitución un obstáculo contra la igualdad? Respecto a la problemática de la igualdad reconozco mi particular irritabilidad, no derivada del hecho de la más que deseable destrucción del patriarcalismo heterosexista y  falocéntrico por tod@as sufrido. Sino de las más que fundadas sospechas sobre las cuotas emancipatorias que las políticas igualitarias de nuestra clase gobernante prometen. Es casi una voz unánime entre especialistas en teoría del género, activistas políticos y movimientos sociales, la necesidad de un planteamiento y discusión rigurosa del estatus de la diferencia sexual. Ello implica, primero y fundamentalmente, al menos así lo creo, la implicación responsable de la –permítanme la licencia- “clase heterosexual”. Sus sueños han sido y siguen siendo las pesadillas de muchos. La igualdad, tal y como es planteada desde los parámetros institucionales hoy vigentes, me parece que deja intacta esta cuestión. Basta fijarnos en las campañas en curso: Todas coinciden en el desplazamiento del foco hacia el hombre, como la que estamos comentando. El esquema me parece peligrosamente conservador: victimización, por una parte, y correlativa sobredeterminación del principal y quizás verdadero culpable de la perpetuación del mal: el hombre.

 Alcanzado el marco jurídico necesario, y los niveles de protección social adecuados en relación a la violencia de género que insisto, desvinculo de la prostitución, la  ingente labor restante es estrictamente re-educativa. Y ello ha de pasar por los propios docentes, como parece obvio. Es decir, si debemos concebir el aula como un espacio de encuentro de diferencias, y no de homogeneización (tal es la lección de la diversidad, cuyos condiciones de aceptabilidad e implementación constituye otro debate tan urgente como este).Creo que es hora de que vayamos suspendiendo el rígido binarismo: hombre/ mujer, con todo lo que arrastra. Quiero decir, que la preocupación directriz no sea la de transmitir ningún código preciso: ni siquiera el del hombre comprometido, sensible, desfalocentrado, y el de la mujer emancipada. Tal y como se destila de las políticas de turno. Sino la de afianzar las condiciones de una convivencia social basada en una agencia verdaderamente responsable. Es decir, chic@s y chic@s lo suficientemente advertidos de lo compleja trama social, cultural y eminentemente política en la que empiezan a desenvolverse, y de cuya salud deben ser a un tiempo, víctimas/beneficiarios pero, sobre todo, principales valedores.

 Para ello, estimo que la clase de ética debe asumir, de una vez, los cien años aprox. de Filosofía que van de Nietzsche a Foucault, pasando por Marx, Freud. No sé si contra/re/ o post-ilustración, pero al menos sí una ilustración crítica, la que nos ha revelado el nexo inanalizable entre cuerpo y razón, entre cultura y naturaleza, entre libertad y esclavitud ¿no es hora ya de dejar de apelar a ese cielo intemporal en el que metafísicamente todavía habitan miembras y miembros de nuestra clase política de izquierda y derecha? Aunque repito que, en este punto, quizás me empujen sobremanera reticencias y filiaciones propias. Volvamos pues a la campaña.

3. La mercantilización de nuestros cuerpos ¿Alguien no se reconoce en el mundo descrito por Marx del fragmento traído? Como bien sabía Marx, la existencia de una mercancía capaz de generar valor de cambio tenía una fecha de nacimiento, una genealogía concreta, correlativa a la del poseedor del capital. Ello era, a su vez, índice, aunque no suficiente, de la plausibilidad de su desaparición, permitía y permite todavía hoy, por qué no, pensar una lógica de resistencia (otra cosa es habitarla) Pero, mientras tanto, lo que parece de todo punto intolerable es no ya vivir, sino hablar desde y para los habitantes de Disneylandia. No me resisto a trasladar el esquema de la campaña a otro escenario:”Tan poco vale que tiene usted/es que: subcontratar, temporalizar, despedir, jerarquizar, vigilar-castigar, deslocalizar, flexibilizar, dividir por sexos, rango, nación valía, disvalía, competencia e incompetencia, capacidad delatoria y adulatoria, acumular, invertir, sumar, rentabilizar etc. etc.” Así hasta la imposible descripción del gran mercado del mundo. Matar moscas a cañonazos es tan fácil como estúpido. Por eso, la estampa publicitaria de esta campaña es intolerable: precisamente porque, si iluminamos la escena (¿legalizamos?) y dejamos ver los rostros de los protagonistas (¿des-estigmatizamos?), no encontramos otra cosa que la gramática de nuestro propio mundo. No quiero pasar la frontera de lo apologético, aunque, en otro orden de consideración me pueda declarar abiertamente proclive a la regularización, con plenas garantías, de los trabajadores y trabajadoras sexuales. Pienso que es suficiente con una mirada atenta a esto que se nos presenta como una estampa del infierno. Explotar es rentabilizar lo expropiado ¿De dónde nace ese tesón y empeño municipal porque las “víctimas” de esta terrible actividad se reapropien sus cuerpos y, sobre todo, los hombres-pagadores cesen de expropiarlas? Pero es que la literalidad del eslogan es todavía más injusta con la “víctima”, la deja en una pasividad absoluta: “La prostitución existe porque tú la pagas” Seamos serios, por favor. Si se teme que se juzgue impopular una medida de persecución y penalización de la prostitución (ya en marcha en buena parte del territorio nacional) lo que no se puede hacer es camuflarla bajo un ropaje de responsabilidad social y presunta ética cívica. Quizás se objete, una vez más, que hay un salto cualitativo entre el ejercicio de la prostitución y cualquier otra forma de actividad laboral. Repito, al margen de la precariedad derivada de su nula situación jurídica y  el vacío social que la acompaña, no encuentro más razones que me hagan comprender dicho salto. Es decir, otras razones diferentes al común déficit ético que, como ratio essendi, acompaña a nuestra existencia social en régimen de economía capitalista. No puedo reprimir mi indignación cuando los mismos que avalan medidas y campañas de este tenor, es decir, abogan por sacar, por ejemplo,  al colectivo inmigrante de las “garras” “redes” o “tráfico” de la prostitución. No levantan un solo dedo por debilitar las otras garras, las otras redes, el otro tráfico indiscriminado que les espera en mercadolaboralandia. Reapropien cuanto antes sus cuerpos e identidades y sométanse a la expropiación común ¿no es demasiado cinismo ya?

4. Darse a valer  Quizás la mayor perplejidad que provocó en mí esta campaña, tiene que ver con la escala de valores concernida en el eslogan: “Tan poco vales que tienes que pagar”. El intercambio simbólico, la alteridad constituyente, la síntesis disyunta. Los viejos filosofemas del reino de los fines, la sittlichkeit, el mittdenken. La clásica philía. Son reconocimiento y expresión  del deseo de constitución de un lazo social verdaderamente firme y honesto, sin fisuras ni particularismos. Capaz de sobreponerse a la corrupción inherente a la mera transacción comercial, al egotismo en todas sus modulaciones imaginables. Todo ello parece un desideratum, más o menos tácito, no sólo para la “comunidad filosófica”, sino principalmente para la errática y precaria comunidad humana.

Que  pagar por un servicio sexual constituya per se un ejercicio de degradación moral, sólo puede tener sentido en un “orden moral” donde toda contaminación entre lo sexual y lo pecuniario esté- ¡metafísicamente!- vetada. Pero ¿cómo puede resultar legítimo, al mismo tiempo y para la misma moral, el consumo de cualesquiera productos de la industria pornográfica sin merma alguna de mi calidad humana? Quiero decir, que el señor que extrae su cartera del bolsillo recupera ipso facto la dignidad perdida si en lugar de pagar los servicios de la trabajadora, decide comprar un Penthouse, alquilar una película porno, llamar a una línea caliente, visitar un espectáculo erótico, comprar un juguete sofisticado, visitar una sauna, un cuarto oscuro, una sala liberal de encuentros. ¿hasta cuándo esta estúpida sacralización de los cuerpos? ¿acaso redunda en paz social  o es más bien todo lo contrario? El sexo es un negocio rentabilísimo y multifacético, cuyo potencial en Internet huelga destacar ¿cómo se puede, entonces, culpar alegremente al consumidor anónimo, que meramente contribuye sí, al sostenimiento de una estructura de enriquecimiento, pero de la que es un mero elemento? ( como lo es del sistema productivo, de hecho, considero que deberían dar simultáneamente las listas del paro y las de in-satisfacción sexual, contando con la veracidad de los informantes, seguro que nos llevaríamos algunas sorpresas).

 A tod@s aquell@s educados en esta moral esquizo, a la que pertenecemos, la única capaz de recibir sin sobresaltos el mensaje de la campaña. A tod@s aquell@s que a estas alturas de sus vidas, hallan, incluso, conseguido mantenerse firmes en la renuncia a cualquier experiencia con los trabajadores y trabajadoras del sexo. A tod@s aquell@s  

que, en definitiva, todavía valen, os ruego un mínimo  ejercicio de reflexión.

5. Expropiarse o morir Que existan cosas inexpugnablemente comunes. Cosas que sólo pueden privatizarse al precio de su desvirtuación o desaparición sin más. Que dichas cosas sean, a un tiempo, las definitorias de nuestra condición, de modo que esa siempre grandilocuente “Humanidad” con mayúsculas, aparece y desaparece al ritmo que dichas cosas genuinamente humanas marcan. Que, parafraseando a Marx, la política, la amistad, el amor, el sexo, la virtud, la ciencia, la conciencia etc. necesariamente tengan que sobreponerse a su existencia mercantil.Todo ello puede, cuando menos, resultar una divisa útil para nuestros intereses pedagógicos en general, y también afectivos y personales, en particular. Pero la excesiva autocomplacencia de nuestros políticos no puede hacernos olvidar que no hay atajos al bienestar social o, mejor dicho, que todos los que hay, en toda su riqueza y modulación, nos fueron expropiados.

Daniel López

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Curso sobre Didáctica de la Filosofía

Curso sobre Didáctica de la Filosofía

El Centro de Profesorado de Sevilla (España) ha organizado un curso para profesores de filosofía con el título de PROPUESTA DIDÁCTICA Y RECURSOS PARA EL TRABAJO Y LA REFLEXIÓN FILOSÓFICA EN EL AULA. Puede obtenerse más información sobre el contenido del curso y los ponentes aquí. Los interesados pueden inscribirse on-line desde aquí

Gabriel Arnaiz

Música para la muerte

Música para la muerte

En la página de Radio Nacional - Radio 3 podemos encontrar una serie de canciones dedicadas a la muerte. Se trata de un especial dedicado por el programa "El Hexágono" el tres de enero al tema en cuestión. El programa lo podemos bajar en estos días aquí. Es un programa dedicado a la música francesa y todas están en francés. Puede ser un buen trabajo interdisciplinar, a la vez que nos puede permitir dialogar y ejercitar la reflexón filosófica sobre tema "tan cercano" (de recordarlo se encarga periódicamente el Estado de Israel).

El listado de temas es éste: La tordue - La muerte/ Julien Bensé - Ma veuve/ Helena Noguerra - La vie s’envole/ Helena Noguerra - Adieu ma vie / K - Cendre / Nicoletta - Il est mort le soleil / Guy Béart - Cercueil à roulettes / Barbara Carlotti - J’en ai marre de la mort / Barbara - À mourir pour mourir / Guy Marchand - Mon dernier tango / Henri Dikongué - Non retour / Hugues Aufray - L’eau vive / Pierre Paul Jacques - L’eau vive / Guy béart - L’eau vive. Gérard Manset - La mort d’Orion. Además : La mort du loup - Alfred de Vigny (Voz de Gérard Philipe).

Miguel Ángel Rosa

 

 

¿Queremos de verdad ser críticos?

¿Queremos de verdad ser críticos?

Estimado profesor Antonio Pino: la lectura de sus dos últimos posts siguen incitando obsesiones que nos llevan siempre a intentar sumarnos a las suyas. Le agradezco, por tanto, su trabajo, y le felicito por el rigor y belleza de su factura. Pero mi disentimiento es casi pleno. Yo intentaba mirar con lentes foucaultianas cuando me refería a la constitución violenta de las subjetividades docente y discente. Óptica que nos lleva necesariamente a plantear la Filosofía como institución, en toda la amplitud y problematicidad de ambos significantes: Filosofía e Institución. Senda proseguida en estos mismos términos por Jacques Derrida, desde la fundación del colectivo GRAPH, el colege international de philosophie y según tengo entendido, con un compromiso firme y personal hasta sus últimos días. Me parece que es una orientación del pensamiento francés poco recibida en nuestras latitudes. Cuando se trata, sencillamente, del intento de pensar la posibilidad de una didáctica post-ilustrada. Es decir, ¿qué significa, después de dos guerras mundiales nuestra omnipresente apotegma "no se aprende filosofía sino a filosofar"? ¿cuáles son ahora los ensayos conocidos en los que ejercer el talento de la razón? En torno a estas cuestiones se desarrollan algunas de las contribuciones citadas, la de Derrida, por ejemplo, no estaría mal discutirlas.
Por ello, no puedo no desconfiar de plantear una salida o siquiera, del hecho de plantear el tema de la violencia en clave antropológica estricta como el profesor Pino hace. La discusión debe inscribirse en el espacio social, institucional y abiertamente político que hoy determina lo (in)decible y lo (im)pensable en el ámbito de ¿nuestra? disciplina. Me importa poco si a esto se le llama deconstrucción o lo que sea. A mi juicio, se trata, una vez más, de aquel problemático deber de no claudicar al que ya hemos hecho referencia en alguna ocasión.
Hay sugerencias extraordinarias en su escrito: la convivencia, el estar juntos, la simpatía como irrenunciable lazo que subtienda nuestras enfermizas rutinas académicas. Hasta la posibilidad sugerida de que asistamos a un momento último de crisis, previo a un renacimiento o revitalización sanadora. Es nuestra obligación pensarlo así, desde luego, como la de querer sin resto a nuestro alumnado ¿alguien lo discute?
El problema es, si rastreando en nuestras dignísimas libertades, saturadas en el amor y la sentimentalidad de los lazos contraídos, detectamos que son ellas mismas, con sus compromisos fáctico-materiales, intra y extracadémicos, las que vuelven imposible, ad limine, no ya toda tentativa transformadora o revitalizadora,sino hasta la más pequeña parcela de comunidad,educación y/o convivencia...términos entre los que es sencillamente inmoral distinguir
Daniel López

Ser y poder-ser en el aula (de filosofía)

Ser y poder-ser en el aula (de filosofía)

 

 

A vueltas con Félix García Moriyón. Sólo una cita que tomo del resumen que hace Rafael Robles en su blog: “Nuestra obligación profesional es querer a los alumnos, no que estos nos quieran, y que ese cariño sea efectivamente percibido. Por eso es tan importante, por ejemplo, aprenderse enseguida los nombres de los/as alumnos/as “. O encontrar tiempo para preguntarles si tienen algún problema. Llama la atención la cara de sorpresa que ponen algunos cuando tal cosa se le pregunta, es como si pensaran: ¿¡este me está teniendo verdaderamente en cuenta!? Es frecuente que nos dirijamos a los alumnos desde la recriminación y la superioridad no solo de rol sino personal: “yo sé qué te pasa, así que sólo tienes que prestar atención a lo que tengo que decirte”.

 

Si me acerco tranquilamente, si interactúo con seriedad y respeto, huyendo tanto de la recriminación como de la concesión, ofreciendo hasta donde lo permitan mis posibilidades, mi tiempo, mi fuerza, mi capacidad amatoria. Se trata de hacer un ejercicio de voluntad de tener en cuenta al otro en cuanto otro. Se obra entonces un pequeño prodigio, una pequeña maravilla. Una persona que es reconocida, que empieza a saber que es valorado por sí mismo independientemente de su comportamiento, de su inteligencia o de sus llamadas disruptivas de atención. A veces conviene decirle a alguien públicamente que se le quiere. Y de repente ese muchacho nota algo dentro de sí: el reconocimiento de su ser interno, más allá de su aspecto físico, de su estado psicológico, de su situación social. No se trata por tanto, como objetivo final, a mi entender, conseguir que conozcan y cumplan las normas sino acceder a la fuente de su ser personal desde el cual puede construir o reconstruir sanamente su personalidad.

 

Intuyo que es la clave. Y más que un expediente psicológico o pedagógico es un asunto antropológico, biográfico, vital, personal. Y el instrumento no es nuestra inteligencia, ni lo materiales didácticos, sino la razón sentiente (*) capaz de mostrarse a través del propio estado emocional. Este ejercicio de inducir la metanoia en nuestros estudiantes requiere de la nuestra propia. Y todo esto se da acentuando el valor de la convivencia  en el proceso de aprendizaje y enseñanza. Y es el diálogo personal y colectivo un instrumento privilegiado para este aprendizaje en la convivencia.

 

A los trece años convives con niños y niñas, a los diecisiete convives con jóvenes. A los quince, convives con el temblor adolescente, y el grupo adolescente se puede transformar en caos, ¡qué difícil resulta mantenernos tranquilos en el caos! ¡Y qué difícil es también no convertirse sin más en el líder de la manada! ¿Qué hacemos con esos quince años y la filosofía? Filosofía y adolescencia. ¿No es acaso la filosofía una ocupación adolescente? ¿Una isla de hipertrofia racional en un mar de incógnitas, enigmas y misterios, donde nos jugamos y se juegan la vida? ¿Qué mundo queremos vivir en este archipiélago? ¿Y no es cierto que lo queremos vivir ya? ¿Para qué momento ideal futuro diferir el aprendizaje activo de la convivencia?

 

¿No será esta crisis escolar un cambio de etapa en la humanización de nuestra especie? Y si es así, entonces tenemos el privilegio y el riesgo de estar asistiendo a este proceso de gestación en el laboratorio que son las aulas de nuestras viejas escuelas y colegios. Me gustaría pensar Daniel que la violencia y el malestar en la escuela es un hervor necesaria para que se produzca un cambio de paradigma en la educación. El humano joven sabe demasiado –con todas sus contradicciones, inmadurez y energía- para ser educado en la horda simiesca.

 

(*) "El sentimiento tiene que ver con el amejoramiento y el apeoramiento, con el bien y el mal, por tanto. Tiene que ver de manera extraordinaria con el espesor cálido de la belleza. Es la esencia misma de nuestro ser carne. Carne siempre llena de humedades. Nunca de sequedades. Aunque muchas veces atravesemos desiertos irresistibles y llenos de paradojas. El sentimiento es aquello que hace que seamos. Mezcla sanguinolenta de lo que somos. Razón, deseo, imaginación, todo ello estratificado en el sentimiento. La carne enmemoriada es la fuente del sentimiento. En ella encontramos lo que hemos sido, siendo lo que somos; lo que vamos a ser. Carne sentiente. Inteligencia sentiente, decía Zubiri con razón regocijada. Deseo sentiente. Imaginación sentiente. Puro sentimiento, sin dejar en ningún momento de ser también y a la vez, en extremado arrebujo, razón, deseo e imaginación. Razón sentiente. Nada tenemos de un gran cerebro inmerso en una piscina de formol y con hilos por los que bullen estímulos y reacciones para menear musculines… A veces nos cuestan los gestos de ternura, sobre todo a los hombres, tan mal acostumbrados en el ámbito del sentimiento, pero es en ellos donde se da la calidad del estremecimiento. La calidad de lo que somos." (Alfonso Pérez de Laborda Paralipómenos 636, 13 nov.2008)

 

foto: Colegio para discapacitados en Anantapur (India)

Antonio Pino

 

 

La gata taoísta y el poder en el aula

La gata taoísta y el poder en el aula

Claro que estoy de acuerdo contigo, Daniel, respecto de la relevancia que tiene hoy día el tema de la violencia y la indisciplina en las aulas (¿y en la sociedad en general?). Gracias por tu extenso comentario. Me anima a seguir escribiendo sobre el tema. También para mi es cercano, diario, preocupante. La afirmación de Félix: no conozco a nadie que quiere ejercer la autoridad y no la ejerza, lo entiendo como un desafío. El que no puede ejercer la autoridad, queda él mismo desautorizado. ¿Dónde localizar en mi ser personal el origen del poder, de la fuerza, de la autoridad?

 

Karlfried Graf Dürckheim recuperando una regla perteneciente a una escuela de espada japonesa trasmitida de maestro a discípulo desde el S. XVII nos cuenta el siguiente relato. Varios gatos se enfrentan a una rata. Sólo es capaz de vencerla la gata que lucha en 5º lugar. Se trata de una gata de aspecto poco fiero y un poco desaliñado, y vieja. Las otras usaron la fuerza, la astucia, la agilidad, incluso poderes “mentales”, como el mostrarse conciliador, pero sólo esta última consiguió vencerla. ¿Cuál es el secreto de esta gata?

 

“¿De dónde puede surgir una fuerza de actuación maravillosa?” pregunta Dürckheim. “Sólo si no se piensa en nada, si no haces nada, sino que te abandonas con tus movimientos a la vibración del Ser, no tendrás una forma que pueda atacarse y nada de la que existe sobre la tierra podrá aparecer como forma contraria; de este modo ya no existirá enemigo alguno que pueda resistirse… Lo importante es solamente esto: que no se halle en juego ni un atisbo de la consciencia del yo, si no todo estará perdido… Sólo si te encuentras en ese estado de ánimo libre de toda consciencia de yo, si actúas sin actuar, sin intenciones ni argucias, al unísono con la Gran Naturaleza, estarás en el camino verdadero… Ese camino es infinito, inagotable… Ese gato se había olvidado de sí mismo y de todo lo que le rodeaba. Se había convertido en “nada”, había alcanzado el mayor grado de la no intencionalidad” (La gata prodigiosa y otros textos zen, p. 87-88)

 

Creo que en el ejercicio del poder hay algo de des-personalización. No digo que esta sea siempre negativa. El camino de la des-personalización puede conducirnos a etapas pre-personales (retorno al útero, a la fusión, a la infancia, inmadurez…) o a estados trans-personales (madurez personal no egoísta, compromiso, espiritualidad religiosa o laica, a propósito, preciosa película la de “los Niños de Hui-Neng” llena de heroísmo y abnegación, valores  transpersonales) (Wilber) Pienso que las formas más autoritarias tienden más hacia lo pre-personal y a la persona que la ejerce no le acaba de satisfacer. Si debo ser un pequeño dictador en un aula acabaré sintiéndome aburrido, fastidiado, frustrado. La autoridad transpersonal entiendo que surge desde la aceptación del propio ser, desde la humildad, desde la debilidad (San Pablo dice: soy fuerte porque soy débil). Esta debilidad es una entrega parecida a la que usaba la gata del cuento taoísta.

 

No puedo imponerme a un grupo sin establecer paralelamente vínculos emocionales y afectivos. Y para eso se necesito tiempo. Se debe vencer convenciendo. Debo ir soltando la imposición autoritaria desde la imagen de la fuerza externa: la voz, el gesto, la mirada, la amenaza, el grito… Llevar a cabo un proceso interior de apertura, de contacto con el misterio (de la voluntad, del poder, de la libertad humanas), un proceso de reconocimiento de las emociones personales, de los egoísmos, egocentrismos y narcisismos. Un proceso de alquimia interior de reconciliación interna que diría Jung.

 

Antonio Pino

La blog como instrumento de formación

La blog como instrumento de formación

El 29 y 30 de octubre se celebran en Granada las I Jornadas Andaluzas de Investigación e Innovación Educativas y nos han aprobado dos comunicaciones, una sobre esta blog (como ejemplo de herramienta de formación entre profesores y como modelo posible de una bitácora realizada por un grupo de personas), y otra sobre el uso del diálogo filosófico en clase. Según parece, las jornadas se retransmirán on-line y podrán verse en directo desde aquí.

Aprovecho este momento para agradecer el trabajo desinteresado de todos los compañeros que han colaborado en el mantenimiento de este espacio desde hace ya cuatro años (este es nuestro quinto curso escolar), y que nos deleitan, informan, instruyen, acompañan y alientan con sus artículos. Y muy especialmente a nuestros más fieles redactores: a Luis Navarro, Antonio Pino y Miguel Ángel. Y a todos los que nos leen, despúes de tanto tiempo.

A quienes estén interesados en participar en esta blog también les animamos a formar parte de nuestra lista de correo sobre didáctica de la filosofía y prácticas filosóficas. Desde allí,  les diremos cuáles son los pasos a seguir.

Gabriel Arnaiz

La clase de filosofía, experiencia vital (y 3)

La clase de filosofía, experiencia vital (y 3)

“No conozco a nadie que quiera ejercer su autoridad y no la ejerza” afirma Félix García Moriyón en el reportaje que le dedica la revista Cuadernos de Pedagogía. Esta afirmación hecha cuando el periodista le demanda sobre la indisciplina en las aulas, está integrada en una concepción personalista del ser humano. La dignidad humana, y la del hombre-mujer que ejerce una profesión de encuentros con otros/as hombres y mujeres en ciernes, basada en la voluntad libre y la responsabilidad, en el uso de la razón, en el ser individual, amalgama de conceptos que no me detengo a ordenar. Querer es poder, dicho más popularmente.

 

En el aula hay disfrute, cierto, pero también hay frustración. Allá cada cual con sus frustraciones, se puede decir. Si no cumplo los estándares de calidad, debo recibir formación ad hoc, incluso en el terreno emocional  (donde a veces somos un poco analfabetos), porque también se trata de ser capaz de seducir, de seducir a un grupo. O a lo mejor no se trata tanto de estar satisfecho y disfrutar en el aula como de ser eficaz, que es también una fuente de felicidad.

 

Gustavo Bueno, en su El mito de la felicidad. Autoayuda para desengaño de quienes buscan ser felices, me saca del callejón sin salida en el que me encontraba al final del post anterior. La cuestión de la felicidad dentro de clase, o como persona  que ejerce la docencia fuera de ella, no es una cuestión de psicología o ética, sino de antropología filosófica: ¿Cuál es nuestro destino como seres humanos? ¿Todos buscamos la felicidad? ¿Deberemos todos ser felices? Nuestra noción de felicidad tiene mucho que ver con el bienestar, la comodidad, la ausencia o minimización del dolor y del sufrimiento, el tener colmadas las necesidades y los deseos, la gestión del ocio y del tiempo libre.

 

De quién sea yo en el aula depende, en cierto sentido, el destino del ser humano, de mi destino personal, al menos, y el de mis alumnos y alumnas. No es, por tanto, una cuestión sin importancia, ni siquiera un problema sólo mío que deba trata con mi psicoanalista  (aunque a veces sea un camino que  deba ser recorrido, si no queremos ir salpicando a todos con nuestras sinrazones, por muy comunes y “normales" que sean.)  

 

¿Cómo puedo entender mi felicidad dentro del ejercicio de mi profesión, dentro y fuera del aula, como destino personal y modesta aportación al destino de otros seres humanos? Es decir de qué concepción antropológica (y filosófica) depende mi ser y estar en el aula, mi sentirme profesor/a de filosofía. No puedo ser sino yo mismo/a. Todo lo que soy lo llevo conmigo. Mi silencio, mi voz, mi gesto, traslucen mi ser todo, mi ser único ante otros seres únicos. No somos una universalidad concretada, sino una singularidad que accede al mundo de las abstracciones y las generalizaciones. En este punto me dejo guiar por mi antiguo profesor y maestro Alfonso Pérez Laborda. Más que una escuela de la diversidad, una escuela de la singularidad de la persona.  Más que, o además que, las normas y los valores, es la plenitud de la persona humana (su ser-en-plenitud) quien empuja y llama con una voz íntima y suave. Una voz hecha de deseo, imaginación y voluntad. Y por la que somos llamados individualmente cada persona, hombre-mujer, estudiante-profesor/a, en cada momento, desde “más allá” de la realidad que somos.

 

(Imagen grabada en un nave espacial por la NASA para un eventual encuentro con otras especies inteligentes)

Antonio Pino

La clase de filosofía, experiencia vital (2)

La clase de filosofía, experiencia vital (2)

¿Qué es más interesante e importante que un alma humana? –preguntaba Brenifier en Jerez de la Frontera (Cádiz), durante el VII Congreso de Filosofía organizado por la AAFi y el CEP de esta localidad, y yo añado libremente ¿cómo cazar a esa alma, “salvarla”, transformarla, ayudarla a nacer, hacerla despertar? Y la respuesta no puede ser sino “a través de otra alma”. Otra alma que ande en el mismo intento de ser cazada, “salvada”, transformada…

 

Es posible que estemos de acuerdo, sí, pero no podemos ser sólo socráticos en nuestra práctica diaria como profesores de filosofía, escribe Daniel López, no podemos descuidar el otro platillo de la balanza: porque tenemos que ser también sofistas. Tenemos que acceder al alma de estudiante que está ante nosotros, pero además debemos llevar un control de presencias/ausencias, calificaciones, controles… Y lo que es aún más complicado: dosificar eficazmente la mezcla de ambas tareas.

 

Merce Padilla reconoce la taquicardia que produce tener que estar pendiente de muchachos y muchachas que exigen atención de distinto modo y al mismo tiempo. Es curioso pero vamos al gimnasio –quien vaya- a producirnos taquicardias saludables, mientras que en el aula éstas no nos parecen tales. ¿Por qué? ¿Cuál es el factor que modifica el modo de nuestra “cordialidad” en un lugar y en otro. ¿Es el ritmo?  ¿O es, más bien, la melodía de nuestros pensamientos, de nuestras expectativas, de nuestras creencias y temores?

 

Aprender a parar nuestro pensamiento (algo que dijo también Brenifier, y me sorprendió en él) puede servir para tomar conciencia de la realidad. Debo aprender a ver y a oír, a sentir. Y tengo la sospecha, o más bien, la esperanza, de que si tal cosa aprendo y ejercito, puedo empoderarme en una clase, que no es lo mismo que apoderarme de ella, y disfrutar más de la experiencia vital que es la clase de filosofía, desde una sana tensión deportiva.

 

¿Cómo puedo “sentirme” en clase? Esa es la pregunta que voy indagando. Dejo a un lado lo que desearía o debería dar a mis alumnos/as en las clases. Y empiezo a mirar para mis adentros, los adentros de mí ser que no acaban de ser ni fisiología ni psicología y que tengo la convicción de que tienen que ver con tus adentros. No pregunto por el rol de profesor, ni siquiera por los resultados académicos de mis alumnos. Ni siquiera por la calidad de todo el proceso. Mi pregunta es un poco más íntima. Me pregunto: ¿Quién soy durante la clase? ¿Quién puedo o debo ser? ¿Cómo me puedo “sentir”? o incluso, ¿cómo quiero sentirme? Porque en ello me va mi propia vida, mi propio ser.

 

Todo esto tiene que ver con la psicología y la ética, los determinismos y la conciencia moral y libre. Con la madurez personal y la profesionalidad, cierto. Pero en el encuentro entre almas a través del diálogo se tiende a lugar intermedio, ni psicológico ni ético, aunque con repercusiones en la ciudadanía, un ámbito  que me gustaría llamar metafísico.  

(La imagen procede de una página de antigramas encontrada a través de Cambalache 3,14, otra vez)

 

Antonio Pino

 

 

La clase de filosofía, experiencia vital (1)

La clase de filosofía, experiencia vital (1)

“No concibo la docencia como un trabajo, sino como una experiencia vital” dice Miguel Sandín, profesor de Filosofía, en una entrevista publicada en el periódico ESCUELA, 25 de septiembre de 2008. No conocía a este profesor, y tampoco frecuento mucho las páginas de este periódico, pero casualmente me encontré con esta frase. Comprendo que cuando alguien es entrevistado debe hacer algunas afirmaciones tajantes para que su perfil quede dibujado, para que tus palabras no resulten anodinas.

 

Hechas todas estas salvedades, reconozco que la frase: concebir “la docencia como una experiencia vital” me ha seguido rondando en la memoria. ¿Por qué la recuerdo? ¿Por qué me sirve? Si uno entra en la clase como una obligación, como algo desligado de la propia vida, como una hora que debe vivirse y sobrevivirse, la tarea puede resultar ingrata. Empiezo a vivir mi vida cuando suena la sirena del final de clase.

 

También puede darse otro caso igualmente poco deseable: la clase se convierte en un objeto atractor de la atención y de la preocupación del día y de la tarde. Esa sensación de tener tarea por hacer… esa búsqueda de materiales y recursos para las clases… En fin, un desgaste psicológico en ambos sentidos.

 

¿Qué aporta, entonces, considerar mi tarea docente como una experiencia vital? Pues que no me separo de ella, y tampoco “me resta de mi vida”; entonces me permito sentir la libertad de entregarme a la experiencia, de estar en la clase como algo que ineludiblemente forma parte de mi vida. Y allí me involucro en un acto dialógico con la realidad de la clase donde entra en juego mi atención, sensibilidad, inteligencia, voluntad, emociones. Entro con las maletas de mi vida, con mi carga. En cierta manera me siento llamado (vocare). Entonces no hay fracaso personal, aunque objetivamente no se cumplan todos los resultados.

 

Mi experiencia vital no es algo de lo que pueda quejarme, abstraerme, cumplir automáticamente, sino que es algo en lo que estoy. Y cuando se da el caos, el desorden, el ruido… no es algo por lo que deba sentirme más culpable que lo que me siento por  haber caído en un atasco de tráfico…  tan sólo pienso: debería haber escogido otra ruta.

 

Sandín dice que es una experiencia vital porque se siente feliz en el aula. ¿Y si no hay felicidad y éxito en el aula? ¿Debo cambiar de profesión?, ¿Debo cambiar yo mismo? Ciertamente debo poner remedio. Suponiendo que todo se pueda remediar. Pero no es tan fácil cambiar de trabajo, hay que afrontar deudas, hay que aceptar el propio carácter como fuente de autoridad y a veces no somos capaces de encontrar esa fuente que permite un espacio de “felicidad y éxito” dentro de la clase. ¿Qué hacer? ¡Sobrevive como puedas!

 

La clase, la confrontación con un grupo de escolares es una oportunidad para el cambio personal. Si acepto la vida, la experiencia vital en sus variadas circunstancias, si me entrego en todo momento lo mejor que entiendo y puedo. Entonces siento la docencia como experiencia vital propia, como algo mío, radical, definitivo, pero más allá del éxito y del fracaso.

 

(La imagen procede vía Cambalache 3, 14)

 

 

Antonio Pino

 

Los blogs de las clases de Filosofía

Los blogs de las clases de Filosofía

En el presente curso el que suscribe ha abierto cinco blogs, tantos como cursos tengo en el IES Santa Aurelia de Sevilla (España). Éstos intentan ser una guía y punto de enganche con las materias para los alumnos. Hasta ahora los artículos los escribe el profe, pero están comprometidos los alumnos a poner uno semanalmente. Ellos se dedicarán a hacer el resumen de su trabajo con un comentario personal. El resto participará voluntariamente con comentarios.

Hasta el momento los alumnos de segundo están ya empezando a participar y encuentran en el blog materiales que les interesan, aunque todavía es pronto para ver la respuesta que tienen. Son los de Antropología quienes encuentran más util el blog y lo usan con más asiduidad.

Como os decía cada curso tiene el suyo, aunque de momento los contenidos son casi iguales en los grupos del mismo nivel. Con el transcurrir de los días imagino que se irán diferenciando. Os invito a que los visitéis esperando vuestros comentarios.

Miguel Ángel Rosa

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Canal de Educación en Youtube

Canal de Educación en Youtube

Leo en la revista Comunidad Escolar que el Ministerio de Educación (antes el onomatopéyico "MEC" y ahora el difícilmente pronunciable MEPSYD) crea en YouTube un canal del ministerio dentro del cual encontramos un apartado dedicado a Educación. El objetivo es introducir vídeos cada semana sobre las distintas materias. Además, en los próximos meses se lanzarán iniciativas de comunicación para fomentar la participación de los ciudadanos a través de este medio.

Esperemos que se convierta en un canal práctico y no en mera emisión de proclamas políticas. Por ahora está casi vacío. Demos tiempo al tiempo.

Miguel Ángel Rosa.

Número 37 de Diotime

Número 37 de Diotime

La revista francesa de Didáctica de la Filosofía Diotime saca a la luz por medio de la ventana mágica de Internet su número 37. En su interior podemos encontrar reflexiones acerca de las prácticas filosóficas en la ciudad (Université Populaire de Lyon. Atelier philosophique sur « Utopies et désenchantement » -Philippe Corcuff-) y su  relación con las aulas ( Comment la réflexion vient aux enfants ? -Andrée Makedowsky- y De l’intérêt des ateliers philosophiques pour la prévention de la souffrance psychique -Jean Ribalet-). A ello añaden cuatro artículos reflexivos sobre la educación de la infancia y las aportaciones de la Filosofía. Muy interesante como siempre resulta oír voces de profesores de nuestra materia en otras latitudes, en este caso la sección Internacional contiene aportaciones desde Nigeria o Quebec. Desde la Filosofía para Niños de España encontramos el artículo de Félix García Moriyón " Un proyecto  a largo plazo". Especial interés muestra el escrito dedicado por Oscar Brenifier al pensamiento cuidadoso  "Caring thinking about caring thinking".

¡Qué aproveche! ¡Nos vemos en el VII Congreso de la AAFi en Jerez de la Frontera (España)!

Miguel Ángel Rosa

VII Congreso Andaluz de Filosofía

VII Congreso Andaluz de Filosofía

Durante los días 12, 13 y 14 de septiembre se celebrará en Jerez de la Frontera (Cádiz) el VII CONGRESO DE FILOSOFÍA, organizado por la Asociación Andaluza de Filosofía (AAFi), con el título de "Cuerpo, mente y cultura". Allí se debatirá sobre las relaciones entre la mente y el cerebro, se replanteará la distinción entre lo natural y lo artificial, entre espíritu y materia, y se analizarán los aspectos éticos y culturales de la inteligencia. Actuarán como ponentes algunos de los representantes más destacados de la neurociencia española (J. M. Delgado, Juan Vicente Sánchez-Andrés y Francisco de la Rubia). También intervendrán destacados filósofos que han trabajado sobre inteligencia artificial (Víctor Gómez Pin, Juan José Acero), así como ilustres psiquiatras (José Guimón, Conrado Engelhardt). Puede verse el díptico de las jornadas aquí.

Habrá una sección especial dedicada a la filosofía práctica y a la didáctica de la filosofía, organizada a través de una serie de talleres con una mesa redonda posterior entre los diversos talleristas (entre los que se encuentran Gabriel Arnaiz, José del Moral o Miguel Valero), y en la que se tratará de establecer una conexión entre la práctica filosófica educativa y los avances realizados en la neurociencia. Asistirá el prestigioso filósofo práctico y didacta de la filosofía Óscar Brenifier

El Congreso se organiza bajo el lema de "Un congreso de frontera para una ciudad de frontera". La filosofía no puede aislarse de los avances de la ciencia. Su lugar es siempre de frontera. Una frontera en la que hay que estar ante los desarrollos espectaculares de la neurociencia.

El CEP de Jerez certifica las horas del congreso, por lo que los profesores no necesistan abonar ninguna cantidad para poder asistir, quien desee inscribirse puede hacerlo directamente desde AQUÍ.

Información sobre hoteles para alojarse, aquí

Más información en la web de la AAFI.

Antonio de Lara.

Miembro del Comité Científico del Congreso.

La enseñanza de la filosofía según Onfray: una crítica devota

La enseñanza de la filosofía según Onfray: una crítica devota

Se ha traducido recientemente “La Comunidad Filosófica”, el libro al que Onfray ha llamado “manifiesto por una universidad popular”. Un manifiesto no es más que una declaración pública, pero este libro, por su voluntad provocadora, por su carácter agresivo y por su intención difamatoria, más merece figurar en el género del panfleto. La “Comunidad Filosófica” es ciertamente un libro notable, de fácil y amena lectura, interesante, pleno de garra, incisivo, agudo y... desproporcionado, redactado en tensión, con apasionamiento y cierta falta de lógica.

Onfray aspira a un nuevo tipo de Jardín, esta es la obertura, un Jardín virtual y en el mundo (cosa que los principios epicúreos no permitían), una antirrepública, una microcomunidad de resistentes. Y la enseñanza de la filosofía es la llave.

Con respecto a este punto, Michel Onfray, brillante escritor, es brillante en su panfleto. Aboga por una enseñanza filosófica basada en el espíritu y no en la letra del pensamiento; abomina de la enseñanza funcionarial, que vive en la repetición expurgada de las doctrinas y es pagada por el estado; busca renovar el ideal clásico de la transfiguración espiritual, la vida filosófica como prueba de la doctrina y no como legitimadora del vínculo social establecido. En este capítulo, abre fuego demoledor contra la filosofía francesa contemporánea. Los Henri Levy, Finkelkraut, Ferry, Comte-Sponville y otros, nuevos filósofos e hijos de los nuevos filósofos, son descalificados como servidores del sistema. Antimarxismo de izquierdas, dice, adhesión al liberalismo por el anticomunismo radical, liquidación de cualquier posibilidad de una izquierda digna de ese nombre. Entre las consecuencias de todo ello se citan los males de la sociedad contemporánea: miseria, desocupación, pobreza, pauperización, guerra, precariedad, neofascismo y populismo. Sin duda que las ideas de estos nuevos filósofos deben ser poderosas, a juzgar por este panorama al que contribuyen, y, sin embargo, se las descalifica como insignificantes, simples, sentido común popular, mezcla de moral laica y valores judeocristianos, kantismo sin Prozac triturado en un estilo periodístico cuyo objetivo es justificar el mundo tal cual es, cual nuevos idiotas útiles sin pensamiento, tesis, posiciones críticas, propuestas éticas, ontológicas, políticas alternativas, utopías ni mundos nuevos. Nunca con tan poco se ha conseguido tanto, pues.

Según Onfray, hay dos líneas de filósofos: una de aficionados al poder, otra de resistentes. El término medio no es posible: o las prácticas de falsificación al servicio de la reproducción del sistema social (filosofía emasculada) o el regreso al aire libre del cuestionamiento y las preguntas deflagradoras. En la primera opción se encuadra la enseñanza de la filosofía rigurosamente enmarcada y reglamentada por el estado en sus instituciones oficiales. En la segunda opción, la Universidad Popular.

La filosofía oficial es disciplina que corona y no que acompaña el desarrollo de la educación. No comienza en la primaria (no hay edad para filosofar) y se basa en los clásicos reconocidos, en la historiografía filosófica oficial a la que Onfray opone una alternativa dando lugar a un doble catálogo de buenos y malos autores (transvaloración al estilo nietzscheano). Esta filosofía, confiscada por la institución y la Universidad, debe descender a la calle, pero aquí viene la segunda andanada inmisericorde: su lugar no es el café filosófico y otros antros similares.

El café filosófico, según Onfray, peca gravemente al prescindir de los contenidos, que son indispensables para practicar correctamente la filosofía (curioso, una nueva ortodoxia en ciernes por el horizonte). El café filosófico es una vía muerta, sin salida. Los temas se eligen de manera falsamente democrática, se toman de la actualidad más inmediata o de la psicobiografía del orador más decidido. Se improvisa, la palabra sale de un grifo siempre abierto, sin proyecto demostrativo o comunicativo, el sesgo anárquico deviene pugilato, diván individual o colectivo, escenario de Narcisos, psicodrama, tribuna libre de lugares comunes, tanto da cuento o pamplina, no hay prolongamiento teórico sino anécdota, pequeños sucesos existenciales legitimadores de un "happening". ¿Es posible decir más? Pues sí, que el café filosófico no tiene por modelo el ágora griega (ese modelo tan a nuestro alcance, dicho sea con ironía) sino el debate televisivo sobre temas de sociedad. Más que filosofía, es socialización mediante la filosofía. No se reconoce un deber de reflexionar antes de hablar, de pensar antes de expresarse. ¿Para qué? Tengo ideas, luego pienso...

Si alguien ha participado alguna vez en este sucedáneo de la televisión sin focos, más vale que vaya arrepintiéndose...

Así que, la Universidad, que cree filosofar con su perpetuo entreglosar los textos clásicos instituidos, tiene aquí, en el café filosófico, su anverso parroquiano. Ambas son maneras de evitar la filosofía.

¿Cómo volver a ella, como regresar al aire libre, lejos de la atmósfera confinada de las celdas de la historiografía y la escolarización oficial? A través de la práctica vital, por supuesto, abandonando la tanatofilia y el incestuoso comentar comentarios de los eruditos, entregando la filosofía al pueblo, practicando la exogamia. Llama la atención que en este punto, Onfray, tras descalificar el café filosófico por su ausencia de contenidos, nos revele que no hay temas específicamente filosóficos, sino tratamientos filosóficos para todas las interrogaciones posibles. ¿Se aproxima de nuevo al café? No. El cualquier-cosa-conceptual del café filosófico adolece por lo corriente (así debe ser en Francia) de una dirección formada en la filosofía. La alternativa es la Universidad Popular, para la que, paradójicamente, no se precisan títulos o diplomas. La Universidad Popular es un aula pública de exposición y debate, porque la filosofía es de quienes se adueñan de ella. Eso sí, fuera del café.

Este es en resumen el proyecto de Michel Onfray para la enseñanza de la filosofía. Ni a favor ni en contra (?) de la Universidad; ni a favor ni en contra (?) del café filosófico, sino en frente, en otro lugar. De la Universidad, la excelencia de los contenidos (pero ¿quién marca esta excelencia cuando no hay temas propiamente filosóficos?); del café filosófico, la libertad de entrar y salir (pero ¿cómo, sin selección, evitar contaminarse entonces de la vulgaridad?).

No me pregunten cómo, pero el proyecto funciona: ya hay seis universidades populares entre Francia y Bélgica.


Luis Fernández Navarro

 

Canal de Vídeos de Filosofía

Como una aportación más de la revista A Parte Rei, su director ha abierto un canal en Youtube donde se concentran una serie de vídeos de Filosofía. Se denomina Videos de parterei. Ahí podemos ver entrevistas a Anna Arendt, a Benjamin, a Serres, a Derrida o Eugenio Trías. Reportajes sobre el lenguaje, el pensamiento, la democracia, la ética, etc. En suma un lugar donde nos podemos encontrar con filósofos que hemos leído y con material de uso vario para nuestras clases.

Además, la mencionada revista ha sacado el número 58, correspondiente a, ¡agárrense señoras y señores!, a julio de 2008, al mes que viene. En él destacan artículos como La Filosofía como experiencia humana de la Realidad en el Fedón. de Daniel Mariano Leiro, Borges y la Metafísica. Nicolás Zavadivker o ¿Dónde estaba Dios en Auschwitz?: Del problema de la teodicea al problema de la antropodicea.  de Felipe Martín Huete. Lo completan doce artículos más sobre temas diversos.

Miguel Ángel Rosa

Presentación de libro de José María Delgado

Presentación de libro de José María Delgado

El jueves día 12 de junio a las 20 horas en la librería La Casa del Libro (C/ Tetuán, 5) se presenta el libro Los lenguajes del cerebro de José María Delgado, catedrático de Fisiología de la Pablo de Olavide y autor de numerosas obras relacionadas con la neurociencia. Recientemente ha sido galardonado por el premio Sevilla Abierta.

Se trata de una publicación que podríamos incluir dentro de la alta divulgación científica con referencias continuas al ámbito filosófico. En un lenguaje riguroso y ameno a la vez el autor afronta con éxito cuestiones tan aparentemente simples como la razón por la cual nuestra cara es capaz de expresar nuestro estado emocional interno, o abordar asuntos tan complejos como el origen evolutivo de los estados mentales, o el prodigioso diseño sensorial y motor que nos permite movernos en un espacio de tres dimensiones de forma eficaz y automática.

Consta de 6 capítulos: 1. Neurociencia para pobres; 2. ¿Es la cara el espejo del alma?; 3. ¿Para qué mover los ojos si ya movemos la cabeza?; 4. Un ensayo sobre distintos aspectos del comportamiento motor; 5. El tema de nuestro tiempo revisitado; 6. Por el camino de don Santiago.

El libro está editado por Letra Áurea (www.letraurea.es)

Café filosófico en la Casa del Libro (Sevilla, 6-6-08)

Café filosófico en la Casa del Libro (Sevilla, 6-6-08)

     ¿Para qué asistimos al café filosófico? ¿Qué nos trae por aquí? Son preguntas que han surgido al hacer memoria y balance de los cafés de este curso. La curiosidad, el disfrute o la inquietud intelectual fueron algunas de las respuestas.

 

¿Qué metodología preferimos que utilice el moderador? (y somos cinco -José Carlos, Luis, Antonio, Carlos y yo- los que hemos colaboramos con Gabriel) Nos resulta estimulante la metodología socrática en la que el moderador se empeña en que los participantes expresen con rigor aquello que quieren decir y caigan en la cuenta de las implicaciones lógicas de aquello que afirman. Pero también hemos descubierto en el café un espacio donde todos pueden ir encontrando su voz y su discurso, y sus argumentos, siendo escuchados por un grupo empeñado en entender, algo más parecido a la tertulia tradicional o al círculo terapéutico (Yalom). No nos gusta el estilo magistral, no es lo que andamos buscando aquí, ni en el moderador ni en el resto de los participantes.

  

¿Qué me aporta a mi vida personal? ¿Qué beneficios podemos extraer de un encuentro “lógico”, de un debate de ideas y palabras? ¿Tiene la palabra (el “logos”) de los cafés un poder terapéutico? ¿Es un “mero” ejercicio, eso sí, espiritual (en el sentido de Hadot)? La palabra es sanadora y/o enriquecedora si no es mera cháchara sino que es palabra que tiene que ver con la verdad (al menos, sincera), y que nos “toca” afectivamente (Ismael). Aunque lo realmente sanador está en la intención, la emoción que la precede (Paco), y en la presencia amorosa del otro (Mario). Pero sin descartar que las palabras puedan ser instrumento valioso para habérselas con el mundo, para dar sentido a nuestro mundo (José María), para enriquecer nuestra experiencia, porque quien no dispone de palabras tiene una experiencia más limitada (Carmen).

 

¿Un cambio en nuestras ideas (y nuestra palabra) puede producir un cambio en nuestras vidas? Aquí debemos tener en cuenta que la palabra “entra” en un proceso de comunicación donde existe un emisor y un receptor, es decir, el otro, alguien que me escucha simplemente, o me comprende o, más aún, me com-padece, es decir, siente lo que yo siento (Nono). Y este proceso dialógico, este no pertenecernos las palabras también es un filtro en el propio diálogo interior, necesario para producir un cambio (por ejemplo, llevando un diario personal o escribiendo una frase 50 veces: “no debo faltar al café”)

(La foto es de la wikipedia: Athenea Noctua)

 

Antonio Pino

 

 

 

 

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Música, Radio y Filosofía

Música, Radio y Filosofía

Curiosamente, dos espectáculos musicales radicalmente distintos me llevan a la escritura de este nuevo artículo. El pasado martes mi compañero, amigo y crítico de ópera en el Diario de Sevilla Andrés Moreno me invitó a presenciar la sesión operística del día en el Teatro Maestranza. Se trataba de una representación de Una tragedia florentina (Eine florentinische Tragödie, Op. 16) y El enano o El cumpleaños de la Infanta (Der Zwerg or Der Geburtstag der Infantin, Op. 17) del músico austriaco Alexander Von Zemlinsky (1871-1942), ambos libretos basados en textos de Oscar Wilde. Es la obra denominada El enano la que tiene un especial interés filosófico. Ésta se inspira en la pintura de Velázquez, en especial Las Meninas y retratos de bufones, siendo deudora de las teorías desarrolladas por el psicoanálisis. La búsqueda de la identidad personal marca al protagonista donde la moral se presenta como una farsa. Un individuo contrahecho que nunca se ha visto reflejado por un espejo es regalado por el Gran Sultán a una infanta española. Ésta, junto a las damas de la corte, finge interés por él para divertimento de todos, pero el joven deforme se enamora. En este juego de inmoralidades surge la temática de la identidad, ¿somos lo que somos porque un espejo nos refleja? ¿Cuál es este espejo, los demás o nosotros mismos? ¿Existe un “nosotros mismos”? Éstas y otras preguntas nos podríamos hacer tras ver El enano. Mi propuesta es que utilicemos esta historia para trabajarla en el aula. “¿Ópera en clase, si mis alumnos no aguantan ni una balada de Eric Clapton?”, se preguntará alguno. No me refiero al uso de la ópera, pero sí de la historia, del argumento. Seguro que provocará interesantes reflexiones. Que alguien lo pruebe y lo cuente aquí.

El otro acontecimiento musical que me lleva a la Filosofía es la celebración este último fin de semana en Getafe (Madrid) del Electric Festival. La principal atracción era la actuación de Metallica. En el poco tiempo que deja la música, los paseos por la Latina, Plaza de Cascorro, Lavapiés, los mercadillos –más música en la calle- otro amigo –Manuel Espacio, químico de formación y guitarrista de vocación- me cuenta que en la ABC Radio National de Australia, existe un programa de Filosofía que se puede oír por Internet que se llama The Philosopher’s Zone. Algunos programas podemos escucharlos, bajarlos, e incluso leer la trascripción. Son tratados todo tipo de temas, algunos de actualidad en el momento, otros de Historia de la Filosofía, también encontramos uno muy curioso de Filosofía con Niños, donde son éstos los que reflexionan en el programa. Eso sí, todo en un perfecto inglés.

Una cosa, ni la Ópera ni el Heavy Metal son mis músicas preferidas, pero lo que sí me apasiona es encontrarme con mis amigos y compartir con ellos parte de mi(s) vida(s).

Miguel Ángel Rosa

Caritas sapientis

Caritas sapientis

“Un año con Schopenhauer” (emecé, 2004) de Irvin D. Yalom. Novela filosófica y psicológica donde el autor repite la receta que tan buen resultado le dio en “El día que Nietzsche lloró” (Destino, 2008) y de forma más fragmentaria en “Mamá y el sentido de la vida” (emecé, 2006). El autor experto en psicoterapia de grupos desmenuza con maestría las relaciones personales y las interacciones sociales y humanas  pero también, amante de las bases filosóficas de los problemas psicológicos reflexiona sobre el deseo, la soledad, la enfermedad y la muerte con la ayuda de la obra de Arthur Schopenhauer.

 

 A medida que vamos entrando en la biografía del filósofo vamos profundizando lentamente en su pensamiento. La mezcla no es tan brillante como en el libro de Nietzsche, se trata más bien de dos carriles paralelos donde el lector debe ir poniendo las traviesas al principio.

 

Por otra parte, la filosofía de Schopenhauer se va entrelazando con las preocupaciones de un grupo de participantes en un círculo terapéutico.  Las ideas del filósofo alemán se confrontan con los conocimientos básicos de la psicología actual. Psicología y filosofía se van contraponiendo, pero también reclamando y necesitándose en la vida de los miembros del grupo.

 

“Entre docencia y terapia no hay límites claros”, afirma unos personajes “la educación y la razón son las herramientas necesarias para combatir el sufrimiento humano”, y allí se hace referencia a Sócrates, Platón, Aristóteles, los estoicos y los epicúreos.  

Pero ¿cómo encontrar el hilo que conduzca de la docencia a la terapia y/o viceversa? A veces lo que aprendemos y enseñamos (contenidos) está tan aparentemente alejado de la "curación", y  a veces también cómo lo aprendemos y enseñamos (procesos) es tan poco “caritativo” y terapéutico.

 

¡Pero es que es tan difícil y abstruso el camino que conduce al conocimiento de sí mismo, donde poderosas emociones y pasiones nos confunden! ¿Es necesario confrontarnos en terapias individuales o de grupos?  ¿Es suficiente, por el contrario, el conocimiento intelectual de una serie de teorías de un pensador excelente, por ejemplo, para que yo sepa llevar una vida más feliz y auténtica?  ¿Qué debe ofrece la carrera de Filosofía? ¿Y la asignatura de Filosofía? 

 

Supongamos que ambas cosas son necesarias. Necesitamos las dos. Conocimiento, educación, teoría y filosofía pero también psicoterapia, confrontación emocional. Una síntesis que Yalom nombra recordando a Leibniz: “Caritas sapientis” (sabiduría y solicitud) ¿Por qué seguimos cayendo en esta escisión? 

Antonio Pino  

 

 

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