Se muestran los artículos pertenecientes al tema Dinámica del curso CEP.

El Centro de Profesorado de Sevilla (España) ha organizado un curso para profesores de filosofía con el título de PROPUESTA DIDÁCTICA Y RECURSOS PARA EL TRABAJO Y LA REFLEXIÓN FILOSÓFICA EN EL AULA. Puede obtenerse más información sobre el contenido del curso y los ponentes aquí. Los interesados pueden inscribirse on-line desde aquí.
Gabriel Arnaiz

El día 10 de enero comienza en el CEP de Sevilla un curso titulado "La Educación para la Ciudadanía: un proyecto común" en el que asistirán como ponentes A. Bolivar Botía, L. Nuñez Cubero, J. C. Mougán, L. Alanísy G. Arnaiz. Los interesados pueden inscribirse on-line desde aquí.
G. A.

El próximo 24 de enero comienza en el CEP de Sevilla un curso sobre TIC Y FILOSOFÍA para enseñar el manejo de esta blog. Los interesados pueden inscribirse on-line directamente desde aquí.
G.Arnaiz

Coincidiendo con su participación en el VIII Congreso Internacional de Filosofía Práctica que se desarrolla en nuestra ciudad, volvió Óscar Brenifier a Sevilla. Tuvimos dos últimas sesiones de trabajo con el filósofo francés, siete horas de recapitulación, de exposición y de análisis de las experiencias didácticas llevadas a cabo con su metodología por parte de los profesores participantes en su taller de filosofía. También dos jornadas de nuevos ejercicios prácticos sobre el arte de animar debates, en el que la voz cantante (y el esfuerzo y la dificultad) nos correspondió a nosotros.
Más o menos un 40% de los participantes en el curso desarrolló prácticas docentes de diálogo en clase a lo largo del último mes. Fueron mayoritariamente positivas y bien acogidas por el alumnado, pero se puso de relieve la dificultad de encajar la metodología abierta del taller con la cerrada programación académica y con los tiempos limitados de trabajo en las clases del instituto. Al tiempo se ofrecieron alternativas de adaptación, como los microdebates a propósito de los conceptos esenciales programados.
El profesor Brenifier siempre ha animado a centrarse en lo esencial, en el ejercicio del pensamiento vivo, en el diálogo, insistiendo en esta necesidad de adaptación particular y de diseño adecuado de las prácticas concretas. Fue esto lo que sacamos en conclusión y ahora hay que ponerse a trabajar.
Y mucho. Mucho esfuerzo necesita, en efecto, formarse en la práctica del taller de filosofía en clase. Muchas horas y mucho trabajo de reflexión personal y de acomodación o ajuste de las prácticas dialógicas a la idiosincrasia de cada profesor o grupo de alumnos. Hay que olvidarse para ello de las prisas académicas, porque no todas las curvas del complejo camino del pensamiento han de tomarse a la misma velocidad. Hay que orillar el espíritu “maternal” de la clase magistral, dejando que los alumnos reflexionen por sí mismos. Y es que no se puede enseñar a pensar... pensando por otros. Hay que abdicar del exceso de intervención docente propio del modelo tradicional de relación con los estudiantes, ceder más la palabra y dejar más espacio al pensamiento.
Luis F. Navarro (luiscorreo@telefonica.net)

Todo el que escribe atraviesa momentos de crisis, lo que se llama la angustia de la página en blanco (o de la pantalla vacía). Los pensamientos se aturullan sin que se pueda escribir una sola frase. Se anota una palabra, pero enseguida se borra o se destroza la hoja, se vuelve a empezar, etc. Para evitarlo, y para luchar contra los tres enemigos de la escritura (el perfeccionismo, el miedo y el delirio de grandeza), ha estado en Sevilla Martha Boeglin.
En perfecto español, esta políglota francoalemana, vino a mostrarnos su libro sobre el arte de escribir. Y vino, por supuesto, a desarrollarnos su contenido en un taller de escritura. Ha sido ésta una magnífica experiencia para nuestro grupo de trabajo. Hemos pasado dos jornadas placenteras emborronando papeles y aprendiendo a superar ese primer instante de tensión y parálisis gracias a unas cuantas técnicas muy sencillas, pero muy efectivas también.
Con Martha Boeglin, la tarea de escribir no se hace menos complicada o esforzada, pero resulta menos onerosa, menos molesta, menos desordenada y más eficaz. Ejercicios de calentamiento, ejercicios para organizar conceptos y esquemas sencillos de trabajo preparatorio nos dejan en la mejor situación para empuñar la pluma, para expresar ideas, para no acusar a ninguna clase de bloqueo mental de que el trabajo de escribir se nos ha vuelto imposible.
Agradecemos una vez más a nuestro amigo Gabriel Arnáiz sus tareas organizativas, sabemos las muchas horas de trabajo y dedicación que le suponen. Y a Carlos Portillo y al CEP de Sevilla el habernos ofrecido esta oportunidad de aprendizaje. Para el resto, si alguien tiene la ocasión de conocer y trabajar con Martha Boeglin que no la desperdicie. Os aseguro que merece la pena.
Luis F. Navarro (luiscorreo@telefonica.net)

Después de una primera toma de contacto el año anterior, con un breve pero intenso seminario de tres días, este año ha sido el de la “inmersión” en el “método Óscar”. En el presente curso, “El taller de filosofía en el aula”, hemos visto actuar al filósofo en casi todas sus dimensiones y facetas. Lo hemos visto animando una amplia panoplia de variados ejercicios y hemos indagado con él en su fundamentación, siempre con las miras puestas en el aprendizaje no de la “filosofía” sino del “filosofar”, su almendra, su sustancia, su núcleo primigenio, su última finalidad. Lo que sigue son mis modestas conclusiones extraídas del trabajo con Óscar Brenifier y con su obra. Pido perdón si me he extendido demasiado.
El diálogo en clase
La filosofía, como la entendía Sócrates, consiste en dialogar con los ciudadanos corrientes, confrontando sus opiniones. Estriba en aprender el arte de preguntar, en el que Óscar es un maestro. En identificar, a través de las preguntas, los presupuestos de nuestro discurso, distinguiendo los conceptos en juego y cribándolos en el análisis lógico. La filosofía, se lo hemos oído muchas veces a este francés trotamundos, vive en y por el planteamiento de hermosos problemas intelectuales.
El debate filosófico, además de una necesidad del conocimiento, entendido como tarea colectiva, es un formidable instrumento pedagógico. Promueve, conditio sine qua non del pensamiento, el desarraigo hegeliano, el distanciamiento crítico de nuestras propias opiniones. Sirve para problematizar, es decir, para articular (que no inventar) problemas. De ahí que ejercitar en esta disciplina a nuestros alumnos del Bachillerato y de la ESO puede mejorar su rendimiento escolar, prevenir conductas disruptivas, potenciar la adquisición de un pensamiento autónomo y, por tanto, de una conducta más responsable.
En su libro El diálogo en clase, recientemente traducido por Gabriel Arnáiz en Ediciones Idea, Brenifier deja claro que no trata de oponerlo a la clase magistral, ni de reemplazar una por otro. Óscar reivindica el “trabajo en sucio”, el “borrador”, la tarea de pensar integrada en la dinámica cotidiana de la clase y adaptada por cada profesor a sus necesidades, a su personalidad y a la de sus estudiantes. Está claro que la capacidad de análisis de nuestros alumnos no se puede potenciar si nosotros pensamos en lugar de ellos. Tampoco si el debate se mantiene entre docente y discente. Los alumnos han de trabajar entre ellos y el profesor ha de actuar como animador del debate, no como un mero distribuidor de turnos. Esto le da un poder muy concreto cuyo ejercicio provoca no pocas resistencias, como hemos visto en nuestro curso. Se trata del poder de administrar las “reglas del juego”, es decir, las reglas generales de la buena educación y aquellas reglas lógicas que aseguran la efectividad del debate y evitan convertirlo en digresión interminable, en desorientadora profusión de nimios matices y superfluos que evitan el compromiso intelectual. El profesor tiene la obligación de destacar los argumentos más sobresalientes, de ayudar a que se estructuren y desarrollen. De ahí la utilidad de la pizarra como auxiliar indispensable para consignar las ideas esenciales o como herramienta de clarificación o criba analítica de los conceptos.
Introduciendo el taller de filosofía en el espacio de la clase, se trata de enseñar a formular buenas preguntas y a desarrollar ideas e hipótesis para luego someterlas a juicio, buscando la claridad de su sentido, su pertinencia, su aporte novedoso, su relación con las preguntas y sus implicaciones. No hay por qué producir una ruptura radical con la clase magistral y el programa (para Óscar, “aquello que permite e impide al mismo tiempo enseñar”). Hay que hilvanar, enlazar y coordinar. Alternar entre lo hablado y lo escrito. Cambiar el modelo extensivo por el modelo intensivo de enseñanza. Incluso es posible que, al final, la clase magistral se vea beneficiada por la creación de un entorno más propicio para la escucha.
El buen funcionamiento del taller requiere hacer que se pierda el miedo a la equivocación y ese sentido bastardo del honor que lo caracteriza, mucho más pronunciado, lo hemos comprobado en el curso, entre los profesores que entre los estudiantes. El miedo a equivocarse es la primera equivocación, dice Brenifier, y el reproche de ignorancia, justo en el ámbito educativo, uno de los más absurdos e inhibidores. Relativizar el propio pensamiento sin sentirse humillado y confesar la propia ignorancia, son, no lo olvidemos, la sabiduría básica. Tampoco hay que tener miedo al silencio. Peor son la estéril verborrea, el círculo vicioso, la repetición disfrazada de novedad.
El curso de Óscar
Con estas miras comenzamos nuestro curso el día 6 de febrero. Empezamos trabajando con una pregunta (¿por qué estamos aquí?) y una respuesta escrita. Brenifier insiste en la necesidad de producir proposiciones simples, cortas, muy definidas. Se trata de concretar para poder discriminar, para poder separar lo accesorio de lo esencial, que es aquello en que consiste el trabajo de conceptualizar, el trabajo que nos permite universalizar y, por consiguiente, comunicar y dialogar. Precisamente eso es lo que ponemos en juego con el análisis posterior de las respuestas (¿hicimos el trabajo?). Para Óscar Brenifier, y fue el día 20 de febrero cuando nos concentramos en el asunto, las tres acciones claves en que se resume el trabajo del filósofo son la profundización, la problematización y la conceptualización. Óscar usa en francés el término “competencias”, no muy correcto en castellano porque alude a disputa, oposición, y no es exacto. Profundizar implica argumentar, analizar y sintetizar, descomponer y unir (“la unidad –o intención- del discurso es su realidad”, decía Platón). Implica explicar, desplegar, es decir, desarrollar, relacionar, contextualizar, ejemplificar (unir intuición y concepto) e identificar supuestos (regresando anagógicamente a la unidad de la que viene el discurso). Problematizar abre el espacio de de la diferencia, de una hermenéutica alternativa, de las variadas interpretaciones. Es, en efecto, el momento de la apertura, mientras que conceptualizar exige cerrar y definir, reunir lo esencial en una palabra, cristalizar el discurso, aunque entendiendo que los conceptos son palancas que nos mueven y transportan a otras posibles problematizaciones.
Y en este ámbito de acción filosófica, las actitudes correlativas son el asombro, el reconocimiento, la búsqueda, la simpatía y también la confrontación y la autenticidad. “Si uno no se asombra no piensa”, decía Kierkegaard recogiendo una antigua tradición. La filosofía, aseguraba Aristóteles, nace con la maravilla. Añádase una cierta capacidad de dramatización, la muerte de la filosofía es la rutina y ya tenemos la situación perfecta. Hay que estar dispuestos a buscar y reconocer la propia ignorancia. Hay que olvidar el respeto para discutir juntos (si uno lo respeta todo ni discute ni piensa, el ping-pong no se parece al pensamiento). Hay, por último, que atreverse a saber, a reflexionar por uno mismo, a ser auténtico, hay olvidar el síndrome del buen estudiante que dice siempre lo que quiere oír el profesor.
El día 7 de febrero trabajamos a partir de una narración (el mendigo, el jefe y el pastel envenenado). Previa a todo fue la aclaración de los problemas que planteaba la historia. Es curiosa en esta fase nuestra búsqueda ansiosa de seguridad: casi todos los problemas se relacionan con un supuesto olvido de detalles. Se repetirá mucho este pseudoproblema a lo largo del seminario. En la inmensa mayoría de los casos no se pierde nada esencial. Tememos perder las briznas, las migajas, los filamentos, es decir, nada o casi nada. Tememos lanzarnos a pensar porque entraña aventura e inseguridad. Son gajes del oficio. Existe también el problema de la autocensura derivado de la ambición por los detalles: si no están todos, nos negamos a actuar. La opción alternativa es atrevernos a actuar siempre sobre aquello que sabemos.
Lo esencial en ambos tipos de ejercicio, es el trabajo de conceptualización. Pensamos con razones, no con opiniones. Y eso es lo que ofrecemos a los demás si trabajamos con conceptos, con lo universal. Entender es poder explicar. Y explicar es poder hacerse entender. De ahí la insistencia de Brenifier en la síntesis. Una forma fundamental de la verdad es la eficiencia del pensamiento. Más corto, más eficiente. Si no se responde a una pregunta precisa, respondemos a otra. Nos perdemos. Divagamos. Esto suscitó un debate metodológico referido a las votaciones que el animador promueve de tanto en tanto entre los que intervienen en el debate para decidir las cuestiones. ¿Hay una relación entre la verdad y los votos? ¿Hay otro modo mejor?, responde Óscar. Se usa en política y en el ámbito científico. Allí se busca el consenso, la opinión de la comunidad de expertos. Es verdadero, por tanto, lo que tiene sentido para la mayoría, lo que funciona y es eficiente. Es esta una toma de posición pragmática, en efecto. La alternativa es la evidencia interna. El solipsismo un tanto dogmático. Pero para pensar hay que alienarse, verse con una mente extranjera. La lógica, que vive en lo universal, nos aliena de nosotros mismos, de ahí su importancia. Problematizar es pensar una cosa y su reverso. La filosofía, dar y tomar conciencia.
El día 10 de febrero, tuvo lugar una consulta pública fuera del CEP. Óscar comenzó hablando de la dimensión “consoladora” de la filosofía. Habló de una hermosa tradición arruinada por el auge de la “filosofía de los profesores”. A partir del siglo XVIII, cuando la historia de la filosofía se convierte en la corrupción de la filosofía. Se congratuló, no obstante, de nuestro regreso contemporáneo a su cultivo. Diferenció el trabajo filosófico de asesoría del trabajo psicológico de diagnóstico y terapéutica. El trabajo del filósofo consultor es más conceptual que narrativo, dijo, se centra en una perspectiva crítica (de las ideas), y se ejercita en la distancia, en el desdoblamiento, en el trabajo hegeliano de negatividad. Ponderó, por último, la importancia del método en filosofía práctica frente a la corriente antimetodológica de Gerd Achenbach, dudando que esta corriente de asesores prescinda en realidad de usar uno.
Respecto del carácter público de las consultas filosóficas, se trata de una posibilidad a nuestro alcance porque no se habla en ellas de la vida personal. No hay problema de respeto con la intimidad porque la intimidad no interesa. Interesa simplemente escuchar lo que uno dice. Ser consciente es ver las cosas y escuchar lo que uno dice. Cuando nos escondemos de nosotros mismos no vemos. Y muchas veces no queremos ver lo que decimos. Filosofar, por eso, es inquietarse.
La consulta del día 10 se planteó en torno al problema de conseguir un pensamiento más efectivo, con menos ruido. Óscar comienza trabajando con una pregunta precisa, vector de la discusión. La pregunta se analiza: ¿es todo en ella necesario? ¿hay en ella un concepto menos claro que los otros? Se revisan todos los conceptos para elegir el esencial. Se investigan los presupuestos de la pregunta. Se pide la formulación de una hipótesis/respuesta. Se analiza la hipótesis. Se localiza en ella el concepto más importante. Se relaciona con el anterior. Una parte muy importante de la consulta consiste en producir el distanciamiento en el consultante. Se le demanda un ejercicio de imaginación, que se represente idealmente a otra persona en su lugar, que la examine y critique. ¿Se podría pensar de una manera alternativa? De todo este proceso, que dura algo más de una hora, se espera obtener clarificación, comprensión, autoconciencia, descubrimiento de otras perspectivas de análisis y de acción etc.
Al finalizar la práctica hubo un debate. Se pidió opinión a los presentes sobre la discusión y el proceso de la consulta. Quizá lo más interesante fue la contraposición del método psicológico y el filosófico. Una psicóloga presente objetó que el consultor filosófico emplea un método muy lento, agotador para el consultante, basado en un exclusivo trabajo conceptual, sin referencia alguna al sufrimiento emocional, que es lo que condiciona la consulta del paciente típico en psicología. Óscar respondió que el filósofo no trabaja con enfermos, que no son enfermos los seres humanos que quieren saber, conocer y pensar, y que su trabajo es rápido comparado con el que desarrollan los psicoanalistas. Se refirió al psicologismo y a su patologización de la vida mental. Definió la filosofía, simplemente, como el placer de pensar, actividad que tiene interés por sí misma. Estableció una diferencia entre el paciente psicológico, que interesa en tanto individuo singular, y el consultante filosófico, al que se toma en consideración en tanto ser humano, en un plano de generalización, universal.
El día 13 asistimos a una práctica matutina con estudiantes de bachillerato del IES Vicente Aleixandre, uno de los mejores de la capital de Andalucía. Se pidió a los jóvenes que debatieran la cuestión “¿es siempre útil discutir?”, y, luego, que extrajeran una moraleja de un cuento africano narrado por Óscar (el del árbol con dos clases de frutos). La misma práctica se desarrolló en el CEP por la tarde. ¿Es siempre útil discutir?, se nos pidió a los profesores que buscáramos un ejemplo narrativo apropiado para responder dicha cuestión. Luego extrajimos una moraleja de otra narración (la historia del monje). Ni que decir tiene que estos fueron los puntos de partida de un interesante debate en ambos casos.
El día 14 comenzamos analizando la metodología de trabajo. Apareció un problema ético: el animador fuerza a decir cosas a los participantes. Salieron a la palestra la eficacia y el orden del discurso frente a la libertad del decir. Pero, el propio contexto educativo, juzgado desde esta perspectiva, aparece entonces “cargado de violencia”. Proseguimos luego con el ejercicio “preguntar la pregunta”. Hay mucho trabajo que hacer con una pregunta antes de responder. Detrás de las palabras hay un universo. Se nos pidió, dada una pregunta inicial, que la interrogáramos de forma pertinente, es decir, de forma relevante, original. ¿Es fácil? Aseguro que no. Lo demostró el análisis crítico de las preguntas condicionadas (o condicionales). Claro que también ejercer la crítica tiene sus dificultades. Acusar de redundancia implica argumentar la redundancia. Si es de similaridad, argumentar el parecido, la contención previa etc.
El día 20 Óscar comenzó ofreciendo aclaraciones para el trabajo eficaz con el diálogo en clase a partir de textos. Vino luego un parte expositiva sobre las capacidades y actitudes filosóficas esenciales que se pretenden desarrollar. Ya me he referido a ello. Luego Brenifier nos cedió los trastos de matar y nos pidió que ocupáramos el papel de interrogadores. Tampoco es asunto baladí. Aunque parezca lo contrario, es más fácil responder que preguntar… siempre que el interrogador no sea un experto, claro. En otro caso es sencillo escurrirse, andarse por las ramas, evitar el meollo. Con preguntas largas, el interrogado se pierde, ofrece respuestas largas, demasiados temas aparecen, hay confusión. Las preguntas deben ser cortas y no dejar escapar ni un solo “por qué”.
El día 21 comenzamos hablando del trabajo con antinomias. Hemos de ser siempre conscientes de que, para cualquier posición dada, hay disyuntivas en la mente de una persona (moralidad/deseo, singular/colectivo, sujeto/objeto…). Nunca debe perderse de vista esta perspectiva ni en el taller, ni en la consulta. Luego trabajamos con un texto. Un trabajo en común previa lectura privada. El objetivo era destacar la problemática esencial con una pregunta, una afirmación, con la definición de un asunto. Por escrito. Y estos papeles corrieron de mano en mano por el aula dando pie a nuevos interrogantes y respuestas, a un ejercicio de evaluación y a una argumentación pública de la misma. Se trataba de evaluar el trabajo de los colegas y en este ejercicio lo fundamental es el desarrollo de criterios evaluativos. Terminamos luego con otro ejercicio que consistía en contestar a una pregunta previa explicitando lo que se va a hacer. Se trataba de practicar el análisis previo como condición del habla.
Con esto se cerró la parte fundamental del presente curso. Quedan dos sesiones en Abril, cuando Óscar regrese con motivo del VIII Congreso Internacional de Filosofía Práctica. De nuevo volveremos a vernos para poner en común lo que hemos aprendido en el CEP, para compartir nuestra experiencia con el trabajo dialógico en clase. Algo tan imprescindible en la época de la múltiple yuxtaposición de información y de opiniones. Hasta pronto.
Luis F. Navarro (luiscorreo@telefonica.net)
Estamos a punto de cerrar el plazo de recepción de inscripciones y nos quedan aún algunos huecos. Es el momento de apuntarse. El ponente, Óscar, es un profesional de alto nivel y con gran capacidad de comunicación. El curso tiene una orientación práctica.
Carlos P.
Esta es la convocatoria:
EL TALLER DE FILOSOFÍA COMO METODOLOGÍA DE TRABAJO EN EL AULA
Código: 064127FI02 Modalidad: Curso
Dirigido a: Profesorado de Filosofía y Ética.
Objetivos:
Aprender nuevas estrategias metodológicas alternativas al modelo monológico de la lección o clase magistral y sus variantes.
Introducir en la metodología del aula técnicas de construcción del conocimiento basadas en el diálogo.
Aprender técnicas de dinamización de clase basadas en el diálogo.
Contenidos:
El uso de la metodología del taller de filosofía en el trabajo de clase.
El diálogo. Metodologías de dinamización y regulación.
El aprendizaje por medio del diálogo filosófico.
Aplicación práctica de los conceptos y metodologías mostrados.
Ponente:
Oscar Brenifier, doctor en Filosofía por la Universidad de la Sorbona, filósofo práctico, formador de formadores, editor de la revista internacional de didáctica de la filosofía L´Àgora, animador de cafés y talleres filosóficos en Francia, orientador filosófico, autor de numerosos libros sobre la aplicación del diálogo filosófico al aula, entre los que destacamos “El diálogo en clase”, recientemente traducido al español.
Coordinación: Carlos Portillo (Asesor de Formación del CEP de Sevilla)
Nº de participantes: 30
Duración: 40 horas (28 presenciales y 12 no presenciales)
Horario: de 17,00 horas a 20,30 horas
Fecha y lugar de realización:
6, 7, 13, 14, 20 y 21 de febrero y 17 y 18 de abril de 2006, en el CEP de Sevilla
Criterios de selección: Criterios generales del CEP de Sevilla
Solicitudes: Los profesores y profesoras interesados deberán entregar ficha de solicitud adjunta en el Centro del Profesorado de Sevilla (C/ Leonardo Da Vinci s/n. Antiguo Pabellón Fujitsu, Isla de la Cartuja. 41092 Sevilla). Tfn: 954460002. Fax: 954461160 o mediante la página WEB: (www.cepsevilla.org ) hasta el día 25 de enero de 2006.
Admisión: las listas serán expuestas en el tablón de anuncios de este Centro del Profesorado y en la página Web del mismo a partir del día 31 de enero de 2006.
Os copio aquí la convocatoria del CEP de Sevilla de una acción formativa para el profesorado de Filosofía y Ética.
Los que ya conocieron al ponente saben de su interés y de su capacidad práctica para el desarrollo del diálogo en el aula.
Os animo a asistir.
CarlosP
EL TALLER DE FILOSOFÍA COMO METODOLOGÍA DE TRABAJO EN EL AULA
Aprender nuevas estrategias metodológicas alternativas al modelo monológico de la lección o clase magistral y sus variantes.
Introducir en la metodología del aula técnicas de construcción del conocimiento basadas en el diálogo.
Pues sí, surgiendo entre las interferencias y la indiferencia, aquí está de nuevo el pensamiento, la mosca pesada de un tal Sócrates que se convierte en virus neuronal y contra la cual no hay vacuna ni remedio. Podéis creer que estáis a salvo, que la curación ha sido total... Gran error. Esta tranquilidad aparente que sentís es sólo un olvido parcial producido por los calores del verano. Un día de estos caerá en vuestras manos un panfletillo inocente que propone un curso interesante, un artículo inocuo sobre educación, filosofía, literatura, o cualquiera de estos temas... un correo avisando de que hay un nuevo plan para expulsar de hecho a la Filosofía de la Enseñanza Secundaria, una cartelera donde anuncian una película de cine que deseáis ver (por cierto, ¿habéis visto Princesas? Id a verla, es increible). ¿En qué estaba? Pues eso, veréis cualquiera de estas cosas y se os ocurrirá pensar, sólo un poquito, total, no puede hacerme daño, yo controlo... la adicción al pensamiento es peligrosa y traicionera, recordad... ¿Por qué no vencerla entonces lanzándose a pensar plena y continuamente? ¿Por qué no en compañía?
Ayer, día cinco del mes cinco del año cinco (05-05-05), terminamos la segunda semana del curso Usos prácticos de la Filosofía en un centro docente, en el cual se están presentando nuevas prácticas filosóficas como los cafés y talleres filosóficos o la asesoría/orientación filosófica, que podrían usarse en el marco de las tutorías, el trabajo de los departamentos de orientación y, por qué no, el aula, tanto de Filosofía y Ética como de otras materias.
Rayda Guzmán se ríe mucho y tiene una conversación agradable.
Bueno. Parece que hemos acabado la primera semana de trabajo del curso Usos prácticos de la Filosofía en los centros docentes en el CEP de Sevilla. Hemos estado hablando con Roxana Kreimer sobre su modo de hacer café... filosófico, sobre su manera de enfocar la orientación o asesoría filosófica. Hemos estado hablando con Gerardo Primero sobre las relaciones entre el asesoramiento/consejería/orientación filosóficos y las psicoterapias, sobre su modo de enfocar la terapia cognivo-conductual. Han salido en sus exposiciones y en las conversaciones muchos temas interesantes, muchas ideas...
En el CEP de Sevilla se celebra un interesantísimo curso de Formación del Profesorado (dirigido a profesores de Filosofía, Orientadores de los IES, Tutores de Secundaria y Bachillerato y Profesores de "Sociedad, Cultura y Religión" -conocida coloquialmente como Alternativa-). Incluimos aquí la convocatoria.
Ya hemos cerrado un ciclo. Ahora, cada mochuelo a su olivo, pero mandándonos señales, comenzamos un nuevo modo de trabajar.
Bueno, chicos (y chicas), hoy terminan las jornadas "La filosofía dentro del aula... y fuera de ella" que ha organizado el CEP de Sevilla por culpa del blogobicuo Carlos Portillo. Ya por fin podremos dormir la siesta los martes y los jueves. Bien.
Ayer, Teófilo Portillo, del IES Pablo Picasso, de Sevilla, impresionó a todos los asistentes con los materiales informáticos que pacientemente ha ido elaborando durante estos últimos años (y que generosamente ha colgado en internet) y con los que ha recibido recientemenete un prestigioso premio andaluz a la investigación educativa. El resto de los ponentes se sintieron un poco abrumados ante la hercúlea labor que Teófilo nos mostró, pero a pesar de ello, Jose Manuel Martínez Arias y Javier Medina Romera, del IES Julio Verne, de Sevilla nos contaron su experiencia con textos, prescindiendo totalmente del libro de texto. Después del descanso, José Barrientos nos comentó cómo se puede enseñar a pensar en el aula a través de los procedimientos y enfoque del "Critical Thinking". Por último, Gabriel Arnaiz explicó brevemente (puesto que Miguel Valero no pudo asistir por problemas de salud) en qué consiste la metodología del Diálogo neo-Socrático según la tradición de Leonard Nelson y Gustav Heckmann y su posible aplicación en el área de "Alternativa a la Religión" y Ética (Más información en esta blog de Filosofía Práctica). Al final, Carlos Estacio, no llegó a explicar los diveros recursos a los que acude para motivar y seducir a los alumnos en sus clases, y que ha consignado en los libros que ha escrito para la editorial MAD. El jueves nos vemos en la última sesión.
Hola a todas y todos...
Ayer, antes de irme, me comentó un compañero que estaba interesado en seguir la formación, pero que estaba muy liado. Decía que un gran número de reuniones presenciales era algo que no podía afrontar...
Os comunico ciertos cambios en el programa:
Compañeros y compañeras del curso me han estado comentando que sería muy interesante continuar la formación en la línea de Filosofía para Niños y en la línea de Oscar. Me ha alegrado mucho.
Os recuerdo la invitación a participar en la sesión del 22 de febrero exponiendo aquella experiencia didáctica que os salió tan bien, o aquella otra que salió tan mal pero fue tan interesante...Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/